mayo 7, 2020

¿Cual es el origen de mi aventura?

¿Cual es el origen de mi aventura?

Me doy cuenta que en este blog he hablado de dónde partiamos y hacia donde quería ir, pero no he definido mucho más. Vamos a presentarnos y a que conozcáis la trayectoria de este humilde servidor.

Desde un principio, tengo que decir que siempre he hecho deporte ya que de pequeño tenía mucho sobrepeso, tanto, que tenía hasta tallas especiales.

Comencé a jugar baloncesto a los 8-9 años, donde aprendí los valores de jugar en equipo. A los 17 fue cuando vino el cambio real. Terminé el curso y la temporada en junio (cumplo años en mayo) con 1,60 de altura y siendo una bolita y volví en septiembre con 1,81 de altura, mucho mas delgado pero con otro tipo de problemas como por ejemplo de rodilla ya que al pegar tal estirón, perdí mucha musculatura en las piernas lo que me hizo tener fuertes dolores de rodillas durante mucho tiempo.

A los 18 me fui de casa a trabajar a Madrid donde empecé a descubrir esto de correr. En mi trabajo, corríamos por el monte de El Pardo todos los días unos 8-10 kms como mínimo. Sufriendo mucho al principio y evolucionando día a día. A pesar de estar en la liga militar de baloncesto, éste empezó a dejar de gustarme. Tantas buenas migas hice con el correr que en el año 2000, decidí pegar el salto al maratón con 22 años. El resultado pues bien y mal. Bien porque pasé por la media maratón en menos de 1 hora 37 minutos, pero mal porque lo pagué a partir del muro y el tío del mazo me dio de lleno en los morros. Siempre tendré un cariño especial a un señor mayor que se paró a hablar conmigo y que me acompañó hasta el 32 donde comenzamos a correr de nuevo y en el 36 me dijo que me fuera hacia delante que ya había pasado todo. ¿El resultado? Pues una sensación inolvidable el entrar en el Estadio Olímpico de la Cartuja y escuchar una ovación, buscar a tu familia en la grada (hoy ya no los tengo conmigo) y saber que aunque, no de la mejor forma, habías superado la distancia.

Tras esta carrera,  ¿dónde pondríamos la siguiente meta? Pues como en el "trabajo" había un grupo preparando los 101 kms de Ronda, pues allá que fui a prepararla, pero esto son palabras mayores y en este caso la carrera me dio de lleno y tuve que retirarme en el kilómetro 60 sin poder caminar siquiera. No pude acabarla y se la juré porque me quedé con la espina clavada de superar este reto. A día de hoy no he vuelto ni a mirar los carteles cuando me lo mandan por el grupo del club.

Luego vino el momento más amargo, el primer parón importante de mi vida deportiva. Tras dejar un mes de descanso y decidir comenzar a preparar de nuevo la maratón de Sevilla, salí a correr un día y los 4 minutos me tuve que dar media vuelta con unas sensaciones de dolor increible en la zona de la pelvis, tanto que casi que no llego al dormitorio. ¿El diagnóstico? Osteopatía de pubis. Esta lesión la conoceremos de haberla escuchado en los futbolistas de élite. Pues a mi me dejó tres meses en cama sin podeme mover prácticamente de cintura para abajo por no querer operarme y curarme por método natural y otros tres meses más en los que las visitas al fisio eran una tortura ya que entraba por mi propio pie y tenía que salir a caballito en lo alto de mi padre.

Tal miedo le cogí que deje de correr. Para la recuperación me recomendaron, como suele ser habitual, que hiciera natación. Y lo probé pero no me convencía. No disfrutaba y me aburría. Cuando ya estaba bastante recuperado y como seguía sin pensar en correr, cambié de deporte a la bicicleta.

Pasé unos tres años montando en bicicleta tanto de carretera como de montaña. Y aquí también tuve una sensación rara porque me gustaba entrenar y "competir" con los miembros del club ciclista en el que estaba inscrito y con el que salía, pero sentía miedo al rodearme en las carreras con tantísimos ciclistas por lo que competí en apenas dos o tres carreras pero con la bici de montaña, que era "otro rollo".

Y de repente dejé de hacer deporte. No hubo ninguna razón en especial, simplemente lo dejé. Quizás la falta de motivación, quizás el no encontrar otro deporte que te gusta, pero la cuestión es que pase a la inactividad.

¿Y que conlleva todo esto? Pues lo que todos sabemos. Cuando haces deporte en serio, estás fino porque quemas todo lo que comes y además te cuidas. Cuando paras, resulta que todo lo que comías, más de lo normal, no lo quemas. ¿Conclusión? Pues que llegué a ponerme en 107 kilos.

Esta fase coincidió con mi primera paternidad y como siempre tiene que haber un detonante para que nos cuidemos, el mío pasó gracias a mi hija. Sabía que no estaba bien, pero cuando comenzó a andar y yo me tiraba al suelo a jugar con ella, más de una vez sentí mareos. Y le sumaba puntos el hecho que vivía en un segundo y cuando subía hasta el piso, en más de una ocasión llegué arriba pareciendo que había subido al Everest. Así que decidí volver a cuidarme. Esto lo decidí unas navidades y no pude alegrarme más.

En principio sólo comencé con alimentación  y con paseos, ya que no es recomendable correr con ese peso para las rodillas. Cuando unos meses después casí rozaba los 100 kilos, me apunté al club de atletismo GAÏA Carmona. Aquí me sentí muy querido y además había muchas referencias de grande personas y corredores populares que siempre estaban a tu lado. Pasó todo el año 2013 en el que iba viendo como iba bajando peso, mejorando mi forma física y comenzando a participar en varias carreras populares. A primeros de 2014 comencé el circuito del IMD de Sevilla y así fuimos enlazando carreras tras carreras. Ya en ritmos de casi 4:00 minutos el kilómetro, que creo que es la barrera del corredor popular, iba enlazando carreras y al comenzar la temporada del club en septiembre decidí que ese año correría de nuevo la maratón de Sevilla. La última carrera que hice en ritmos libres y antes de comenzar la preparación fue la media maratón de Córdoba, carrera a la que le tengo un especial cariño.

Fueron 16 semanas de puro disfrute dónde, de la mano de mi entrenador, fuimos enlazando semanas y haciendo piña en un grupo de 4 componentes que hicimos la preparación juntos, dos de ellos buscando el sub 3 horas y los otros dos que buscábamos un tiempo de 3 horas y 15 minutos. Y llegó el día. Este es el cambio que sufrí desde que decidí volver a correr, hasta el día de la prueba.

El cambio es de 27 kilos menos y mucha salud más. Y llegados aquí os preguntaréis como fue la carrera. Pues la verdad que este camino tan bueno que tuve en la preparación, aunque la maratón es la maratón, salió como tuvo que salir. Una carrera a ritmo controlado, sin alardes y con dos sustos. El primero, cuando mi compañero de entrenos en el kilómetro 30 me dijo, "vete que no estoy para el 3:15", miedo a que en pleno muro tenía que seguir sólo pero con su amenaza plasmada en las siguientes palabras "como te pille, te reviento la cabeza". Así que me fui despegando de él poco a poco a ritmo constante. La foto es del kilómetro 38-39 más o menos. El segundo susto fue cuando saliendo de la Alameda de Hércules, decidí abrir un poco la zancada para subir el ritmo ya que me encontraba bien y el cuádriceps derecho amenazó con bloquearse lo que hubiese tirado la carrera a la basura en el kilómetro 40. Así que tranquilo hasta el final. Entrada en el Estadio Olímpico de nuevo y llegada a meta.

La sensación de que el trabajo de 5 meses de forma exclusiva, deportivamente hablando, ya que laboralmente tenía también mi actividad, salga perfecto es indescriptible. Ese bienestar hizo que al cruzar meta me sintiera muy sólo por la sensación de vacío de haberlo dado todo. De repente ese voluntario que viene a darte esa medalla y que te la pone, avanzas 4 pasos, miras la medalla y salen todas las emociones. No sabes si reir o llorar y empiezas a darte cuenta que tu trabajo ha salido bien. Esperar a que los demás componentes del club fueran llegando a meta y volver a casa donde lo celebras con una comida con el club donde los enhorabuenas vienen y van y gente muy contenta o triste porque no ha podido ser.

Al año siguiente decidí volver a prepararla con el objetivo de bajar esa marca. Comencé con otro entrenador, esta vez uno personal y de renombre, y comencé a no disfrutar con los entrenamientos llegando incluso a no querer entrenar. Y en enero a unas 6 semanas de la fecha de la maratón, tras agacharme en cuclillas para recoger un excremento de mi perro, el menisco interno de la rodilla derecha se rompió al levantarme. Todo el trabajo hecho al traste. Esta lesión me ha llevado más tiempo de lo que pensaba y tras dos años decidí que ya era hora de comenzar de nuevo.

Otra vez a realizar el mismo camino. Partíamos de 101 kilos esta vez y la idea era la misma. Primero bajar peso y luego cumplir los objetivos descritos en uno de los post anteriores. Todo iba bien hasta el confinamiento donde he subido 5 kilos y daba comienzo esta aventura del blog.

Toca trabajar duro ya que, si quiero bajar de 3 horas 15 minutos en maratón, hay que llevarlo muy bien y ya no tendré 37 años, sino que me iré como muy pronto a los 43 a por ella. Así que paso a paso y a utilizar herramientas y personas que nos ayuden a llegar.